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28

sep 2026

Mari Carmen podemos ser todas

28 de Septiembre de 2026. Patricia Garcia Sanchez

Nos han hecho creer que los problemas de vivienda les ocurren a otras personas: a quienes no trabajan, a quienes están en situación de pobreza o a quienes no se han esforzado. Pero Mari Carmen podemos ser todas.


Mari Carmen tiene 87 años y llevaba 71 viviendo en la misma casa. Durante años pagó alrededor de 500 euros de alquiler. En 2018 el edificio fue adquirido por una sociedad inmobiliaria y posteriormente su alquiler llegó a situarse en 2.650 euros. Finalmente, el pasado 23 de septiembre fue desahuciada. Su historia nos obliga a preguntarnos: ¿qué nos separa realmente de acabar en una situación así? Porque tener un trabajo no significa estar a salvo.

En Castilla y León, los salarios son de media un 10,5% inferior a los del conjunto del Estado. En el sector servicios, donde se concentra buena parte del empleo femenino, la diferencia alcanza el 13,6%: 2.011 euros mensuales frente a 2.328 en España. Y mientras los salarios nominales han aumentado un 24% desde 2018, el precio de la vivienda lo ha hecho un 49%.

Pensemos en nuestras personas jóvenes: trabajan, pero muchas no pueden emanciparse. En Castilla y León, alquilar una vivienda en solitario supone destinar alrededor del 61% de los ingresos de una persona joven; entre quienes tienen de 16 a 24 años, el esfuerzo supera el 80%.

Pensemos en las trabajadoras de ayuda a domicilio, residencias y dependencia, muchas de ellas mujeres y muchas también migrantes. Mujeres que sostienen nuestros cuidados mientras soportan empleos con salarios bajos y una altísima parcialidad.

Pensemos en una mujer víctima de violencia de género, a menudo con menores a cargo, que necesita abandonar su hogar para ponerse a salvo y empezar de nuevo con unos ingresos que quizá no le permiten pagar otra vivienda.

O en una familia cuyo hijo o hija desarrolla una enfermedad rara, sufre un accidente o necesita cuidados permanentes. Puede ser necesario reducir una jornada o abandonar el empleo, asumir tratamientos, desplazamientos y otros gastos que las ayudas públicas no siempre cubren. Y pensemos en cualquier trabajador o trabajadora que mañana sufra un accidente, una enfermedad o pierda su empleo. La vida puede cambiar en cualquier momento. Y quizá entonces entendamos también qué significan nuestros impuestos.

Hay quienes cada mes se quejan de cuánto pagan y de que sus impuestos sirven para financiar las llamadas “paguitas”. Pero, ¿qué pasaría si mañana esa prestación la necesitáramos nosotros? ¿O nuestros hijos? ¿O nuestros padres? Hoy puedes pensar que pagas para otros. Mañana puede ser esa red la que te sostenga a ti. Porque los impuestos no son solamente lo que aparece descontado en nuestra nómina.

Son también sanidad, pensiones, dependencia, educación, prestaciones y servicios públicos. Son la red que construimos colectivamente para que una enfermedad, un accidente, una situación de violencia o una necesidad de cuidados no condenen a una familia a perderlo todo.

Y para las mujeres, además, las desigualdades laborales tienen consecuencias durante toda la vida. En Castilla y León, la brecha salarial entre mujeres y hombres, alcanzó el 17,3% en 2024 y llega a un 30-32% en las pensiones.

Por eso, desde CCOO defendemos que la vivienda también es una cuestión laboral.

La precariedad no termina cuando salimos del trabajo: entra en nuestras casas, condiciona nuestra capacidad para emanciparnos, cuidar, divorciarnos, afrontar una enfermedad o llegar a la jubilación con dignidad.

Es por esto que CCOO defendemos salarios dignos, empleo estable, igualdad, servicios públicos fuertes, protección frente a la violencia de género y políticas de vivienda que protejan a las personas trabajadoras.

Porque una sociedad justa no es la que ayuda cuando ya lo has perdido todo.

Es la que evita que llegues a perderlo.

Mari Carmen podemos ser todas.

 

Yolanda Martín

Secretaria de Mujeres, Políticas Sociales, Vivienda y Movimientos Sociales

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