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16

jul 2026

Entre la ocupaci贸n y la okupaci贸n

16 de Julio de 2026. Ra煤l Garc铆a, delegado CCOO Valladolid

Ayer Valladolid volvió a hablar de okupación. De una oficina antiokupación, de los nuevos requisitos para acceder a la vivienda pública y de discursos que señalan a determinados colectivos como si fueran el principal problema de nuestra ciudad.

Mientras tanto, de la ocupación, con "c", apenas se habla. Y ahí empieza el verdadero problema.

Pero ahí están los datos. Un mercado laboral que empieza a dar síntomas claros de agotamiento. Miles de mujeres expulsadas del empleo en apenas dos años. Jóvenes que encuentran antes un contrato fuera de Valladolid que una oportunidad para construir aquí su proyecto de vida. Salarios que ya no permiten acceder a una vivienda, especialmente en nuestra ciudad. Y ese debería ser el centro del debate.

Dentro de dos días la ciudad estará prácticamente paralizada viendo la final del Mundial. Eso está bien así. El fútbol permite hacernos disfrutar y olvidarnos durante un rato de todo lo demás. Lo preocupante es que los problemas de verdad siguen pasando de puntillas.

La vivienda atraviesa la mayor crisis de las últimas décadas. Cada vez cuesta más alquilar. Cada vez cuesta más comprar. Hay trabajadores y trabajadoras con empleo que no pueden emanciparse y familias que destinan una parte desproporcionada de su salario simplemente a tener un techo. Hablar hoy de vivienda es hablar del principal problema social de miles de personas.

Y en ese contexto, el Ayuntamiento ha decidido introducir nuevos criterios para acceder a la vivienda pública: exigir tres años de empadronamiento o reforzar el mal llamado arraigo. ¿Quién decide quién tiene más arraigo? ¿Desde cuándo un derecho depende de medir quién pertenece más a una ciudad? Son decisiones que vamos a revisar con detenimiento porque generan serias dudas sobre su encaje con los principios constitucionales de igualdad y no discriminación. Desde CCOO defenderemos siempre que el acceso a la vivienda pública tenga como prioridad a quien más la necesita.

Resulta todavía más difícil de entender porque el propio Ayuntamiento incorporó al Plan Municipal de Vivienda las principales medidas acordadas con CCOO y el resto de agentes sociales. Aunque nunca quiso firmar el acuerdo de Diálogo Social sí hizo suyas aquellas dieciséis medidas de vivienda que apostaban, entre otras, por ampliar el parque público, facilitar la emancipación juvenil, impulsar vivienda protegida o reforzar los programas destinados a personas y familias en situación de mayor vulnerabilidad.

Ese era el principio que daba sentido a todo aquello: proteger primero a quien más lo necesita.

Por eso preocupa tanto el cambio. La necesidad deja de ser el primer criterio. La identidad empieza a ocupar su lugar.

El acceso a la vivienda pública empieza a mirar menos la situación de las personas y más de dónde vienen o cuánto tiempo llevan aquí. Y ese cambio responde a un discurso que necesita señalar a alguien para esconder los problemas de verdad. Un discurso que pretende sembrar un miedo irracional. Miedo al diferente. Miedo a perder ayudas o privilegios. Miedo a compartir derechos. Cuirosamente ese miedo nunca apunta a quien especula con la vivienda, acumula pisos o convierte un derecho en un negocio. Siempre señala al que menos tiene.

Y a la contra, mientras discutimos sobre identidad nacional, miles de jóvenes siguen sin poder emanciparse. Mientras debatimos sobre el arraigo, miles de mujeres están siendo expulsadas del mercado laboral y, con ellas, también se marchan talento, oportunidades y futuro para Valladolid. Esos son los problemas que deberían ocupar al Ayuntamiento.

Sin embargo, ayer el gran anuncio fue una oficina antiokupación. A las pruebas me remito. El propio alcalde reconoce que la ocupación ilegal afecta al 1,2 % del parque público municipal de viviendas. Ese es el fenómeno al que se dedica una oficina específica, convenios, campañas y titulares. Mientras tanto, miles de personas siguen sin poder acceder a una vivienda y la nueva oficina volverá a estar más vacía que las calles durante la final del Mundial. Todo apunta a que correrá la misma suerte que la oficina antiokupación de la Diputación.

Valladolid necesita bastante menos propaganda y más política útil. Más empleo de calidad. Más vivienda pública. Más salarios dignos, especialmente en una ciudad que ostenta el dudoso honor de liderar los menores incrementos salariales de España. Más igualdad entre hombres y mujeres. Más Diálogo Social.

Dentro de dos días celebraremos los goles de Lamine Yamal o de Nico Williams. Los sentiremos como nuestros. Nadie hablará entonces de arraigo ni preguntará de dónde vienen sus familias. Curioso. El origen solo parece convertirse en un problema cuando deja de servir para ganar partidos y empieza a servir para enfrentar a quienes, en realidad, comparten exactamente el mismo problema.