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17

jun 2026

Un gobierno “No conservador”

17 de Junio de 2026. Jesús García, secretario general de FSC CCOO CyL

El pasado 15 de junio, justo cuarenta y nueve años después de la fecha de celebración de las primeras elecciones generales en nuestro país tras la muerte del dictador, tomaron posesión los responsables de las distintas Consejerías que conforman el gobierno autonómico de coalición.

Se inicia así un nuevo mandato de la derecha en la Comunidad y con ello vamos a sobrepasar las cuatro décadas de gobierno “no conservador” en Castilla y León. Empleo el término “no conservador” porque en nuestra región se están conservando bastantes pocas cosas (entre ellas, obviamente, no está la decencia política).


Así, por ejemplo, algo fundamental que no se conserva es la población. El envejecimiento caracteriza los datos demográficos, nuestros pueblos, pero también nuestras ciudades, se abandonan y los y las jóvenes emigran a otros lugares de España y del extranjero donde se les ofrece la posibilidad de un futuro sin tanta incertidumbre. La despoblación y el abandono de amplias zonas de Castilla y León, que sólo puede intentar paliarse con la llegada de personas inmigrantes, van a ser aún más profundos con las políticas de este gobierno “no conservador”.

Nadie viene a un lugar donde no se le quiere, y los que nos gobiernan desde el Colegio de la Asunción lo han quedado bien claro: no quieren emigrantes, sólo producto nacional, entiendo que también, por ejemplo, para trabajar en la construcción, en el campo, en la hostelería, en la limpieza, en el empleo doméstico o cuidando de nuestros mayores. Dada la dificultad que hay para que estos puestos de trabajo sean cubiertos por personas españolas, se desprende de todo ello que nuestros ya crónicos gobernantes no quieren conservar los edificios que necesiten de una rehabilitación, ni construir otros nuevos (esto ya lo vienen demostrando con la vivienda social), ni restaurar nuestros monumentos, tampoco quieren que se limpien nuestras casas y oficinas, ni conservar nuestros rebaños, plantaciones e invernaderos, y mucho me temo, que tampoco a nuestros mayores (a ver cómo le explican al Papa esto de la eutanasia por expulsión de la persona asistente…)

Pero este gobierno también es “no conservador” por otras razones. Sin ir más lejos, no quiere conservar los servicios públicos. La educación pública y concertada, la sanidad pública y la privada, a la que se derivan multitud de operaciones, la atención a la dependencia, las carreteras de titularidad autonómica, la protección civil o la prevención y extinción de incendios, entre otras muchas cosas, se sostiene y se mejora con dinero, y ese dinero sólo proviene de los impuestos. Pues resulta que estos “genios de las finanzas” tienen como divisa la bajada de los mismos, pero no sólo a las personas con los salarios más bajos, sino a todos los contribuyentes, por muchas rentas de trabajo y de capital de las que gocen.

Del mismo modo podríamos hablar de las subvenciones. En Castilla y León no sólo reciben subvenciones los sindicatos, todos, también los minoritarios corporativos independientes y apolíticos de derechas (¡qué genialidad la de Berlanga…!) y los sindicatos agrarios, uno de cuyos dirigentes se ha colocado de Consejero del ramo.

Igualmente reciben subvenciones, y muchas, las grandes factorías, como Renault, los agricultores y ganaderos (el dinero de la Unión Europea, la célebre PAC, no crece en una parcela sembrada al efecto en las afueras de Bruselas, junto a las coles, sino que proviene de los impuestos recaudados en los países miembros), las ONG que atienden a los inmigrantes, pero también a los más desfavorecidos que tienen más de ocho apellidos españoles, los Centros Especiales de Empleo que se ocupan de insertar laboralmente a las personas discapacitadas, las empresas que llevan las residencias concertadas de la tercera edad, las escuelas infantiles de los más pequeños, incluso la propia Iglesia Católica en el arreglo de los templos, los cazadores y pescadores con sus licencias gratuitas y las empresas que se dedican a los espectáculos taurinos, todos ellos y muchos más, reciben un dinero público que proviene de los impuestos.

En fin, a este gobierno no podemos llamarle “conservador”, y estoy pensando que lo de “no conservador” es muy ambiguo, pues valdría incluso para un gobierno de signo político contrario, es decir, progresista, lo que enfadaría mucho a sus miembros, creo que la mejor forma de denominarlo es “neofascista”, sí, gobierno “neofascista” es la denominación más acertada.